Estamos siendo muy duros con la Inteligencia Artificial
Te cuento la historia de Joaquín y mis principales aprendizajes.
Hace unas semanas llegó con nosotros Joaquín, dueño de una empresa del ramo farmacéutico. Y lo primero que me dijo fue esto:
“Odio la inteligencia artificial. Realmente no funciona. Me está quitando más tiempo del que me está ahorrando. Llevo dos días intentando automatizar una sola tarea y no lo he logrado. Estoy trabajando MÁS de lo que trabajaba antes. La IA no entiende cómo trabajamos — inclusive le pregunto ciertas cosas y me da información incorrecta, a pesar de que ya le había explicado cuál es el proceso correcto para contestarme.”
Y ¿sabes qué? Esta frustración es cien por ciento normal, y más común de lo que parece.
¿Por qué? Porque vemos a todo el mundo hablando de inteligencia artificial, del valor y del crecimiento que sus negocios están teniendo gracias a esta tecnología... pero cuando nosotros lo intentamos, el resultado instantáneo no es tan positivo como nos lo imaginamos. Y ahí nace la desilusión: la distancia entre lo que nos prometieron y lo que vivimos en el primer intento.
Y muchas veces estas experiencias, en lugar de darnos un paso más adelante para querer automatizar más cosas, nos generan dos o tres pasos para atrás: barreras que nos dejan sin ganas de intentar automatizar nada nuevo.
Pero cuando Joaquín terminó de desahogarse, le dije: “Tranquilo. Estás siendo muy duro con la Inteligencia Artificial. Te explico.”
Y le hice una sola pregunta:
“¿Cuánto tiempo llevas haciendo esa tarea que quieres automatizar?”
Su respuesta fue; Años. La hago diario y he ido perfeccionando el proceso con el paso del tiempo.
Ahí estaba el problema: “Estás comparando una tarea que llevas años perfeccionando... contra una IA que conoció tu negocio hace dos días. Y quieres que en dos días ya la haga mejor que tú.”
Le exigimos a la IA lo que no le exigimos ni a un empleado nuevo
Piénsalo así: cuando contratas a alguien, le das 3 meses de curva de aprendizaje. Le das contexto, retroalimentación, segundas oportunidades. Nadie espera que un empleado en su segundo día conozca los procesos, los clientes y las excepciones de tu negocio.
¿Y a la IA? Le damos un prompt de dos líneas, sin contexto, y si la primera respuesta no es perfecta, concluimos: “no sirve”.
Esa es la falsa expectativa. No es que la IA sea mala — es que esperamos magia sin darle lo que le daríamos a cualquier persona: contexto, instrucciones claras, iteración y supervisión al inicio.
Los errores de expectativa más comunes que vemos:
Esperar 100% de precisión, cuando ni el estándar humano es ese. Tu equipo también se equivoca — y le das margen para corregir.
Esperar que adivine el contexto de tu negocio. La IA no sabe cómo facturas, quiénes son tus clientes clave ni por qué haces las cosas como las haces... hasta que se lo explicas.
Juzgarla por un solo intento. Nadie evalúa a un empleado por su primera tarea del primer día.
El reencuadre que cambia todo: trata a la IA como un empleado nuevo, brillante, pero recién llegado. Con ese chip, cada error deja de ser evidencia de que “no funciona” y se convierte en lo que realmente es: una instrucción que faltó dar.
Los 3 consejos que le di a Joaquín y hoy te comparto
1. Esto es una inversión a largo plazo
Al principio puedes sentir que haces MÁS trabajo y que todo es más cansado — y es verdad, así se siente. Pero no estás perdiendo tiempo: estás invirtiendo. Cada hora que dedicas hoy a enseñarle tu proceso a la IA es una hora que te va a devolver multiplicada durante meses y años. El que solo mira el resultado de esta semana, abandona. El que entiende que está construyendo un activo, aguanta.
2. Todo es prueba y error
Mientras menos tiempo lleves usando la inteligencia artificial en un proceso específico, menos vas a conocer la forma correcta de trabajarlo y estructurarlo. Y eso está bien — así funciona. Cada interacción te vuelve más grande: cada prompt, cada corrección, cada vez que le pides algo, estás construyendo para que te conozca mejor y el siguiente resultado sea superior al anterior. No hay atajo: el dominio se construye interactuando.
3. Sé constante
Si aguantas dos semanas trabajando la misma automatización — dándole seguimiento, corrigiendo, iterando — sin duda lo vas a lograr. El problema es que la mayoría de las empresas se frenan justo ahí: se pierden en el proceso, dejan de ver los resultados que buscaban, y abandonan en el punto más bajo de la curva... normalmente días antes de que la curva dé la vuelta.
La diferencia entre las empresas que dicen “la IA no funciona” y las que están escalando con ella casi nunca es la herramienta, ni el presupuesto, ni el talento técnico.
Es que unas abandonaron en el día 3, y otras llegaron al día 14.
¿Quieres pasar la curva acompañado?
En Adding esto es lo que hacemos: acompañamos a las empresas a cruzar esa curva de aprendizaje — priorizando las tareas correctas, implementando con método y con la constancia que la mayoría no logra sola. Ya lo hicimos con más de 80 organizaciones.
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